viernes, 12 de noviembre de 2010

Un fantasma recorre los tribunales

Por Demetrio Iramain -  http://tiempo.elargentino.com/notas/fantasma-recorre-los-tribunales

No debe olvidarse, entre otras sensibles mejoras en la calidad democrática, que la actual integración de la Corte Suprema declaró oportunamente inconstitucionales los indultos y las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. 
 

El Poder Judicial es el enclave conservador del Estado. El más retrógrado. Con elementos patricios todavía en su interior. Como ninguna otra, la férrea estructura que conforman jueces, fiscales y defensores se muestra impermeable a las transformaciones que operan en la base material y cultural de las sociedades. Se resiste a los cambios. Está en su naturaleza. Los demora y atrasa, mas no los puede impedir. La historia es la Historia. 
En la justicia, el nuevo viento de época que significó el kirchnerismo se sintió fuertemente. Aún hoy existen jueces que entornan sus ventanas para no dejarlas crujir ante su paso inexorable. 

Una de las primeras medidas que Néstor Kirchner impulsó en su gestión fue trastocar la Corte Suprema de la mayoría automática y renovar de manera drástica su composición. Ese cambio en la cabeza del Poder Judicial tuvo efectos inmediatos hacia toda la sociedad democrática. Un presidente que había nacido flojo de votos, que no pudo batir en segunda ronda electoral a quien le había ganado en primera vuelta, pretendidamente sin consenso, ni base social, en apariencia débil ante las corporaciones y los rupos de poder, produjo un hecho político de notables proporciones que, visto en la perspectiva que permiten los años, estaba ya indicando su sello transgresor y siempre inesperado. 
Sin esa decisión política no hubiera sido posible que los tribunales argentinos de todo el país se dieran luego a la tarea de investigar debidamente y condenar con rigor penal los crímenes cometidos durante la dictadura por los genocidas cívico-militares. 
La histórica declaración del actual presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, que hace muy pocos meses expresó que la política de Estado en materia de Derechos Humanos y los juicios a los autores del genocidio ya no tienen forma de volver atrás, ¿hubiera tenido lugar e igual significancia sin mediar la huella en la cultura que ha dejado Néstor Kirchner?
No debe olvidarse que, entre otras sensibles mejoras en la calidad democrática, la actual integración de la Corte Suprema declaró oportunamente inconstitucionales los indultos y las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Sin embargo, en tiempos contemporáneos a su vergonzante sanción parlamentaria, el mismo alto órgano constitucional las había convalidado. Peor: dos de aquellos integrantes que votaron durante el alfonsinismo por la validez de las leyes de impunidad, continúan hoy siendo ministros de la Corte.
Paradójicamente, la concentración mediática en grupos privados y excluyentes, y su formidable capacidad para producir discurso y crear sentido, tergiversaron de modo tal a Néstor Kirchner, que lograron desvirtuar en ese relato uno de los principales méritos de su gobierno: el reestablecimiento pleno de la institucionalidad democrática, y junto con ella –y muy esencialmente–, la de la justicia. El mismo Lorenzetti lo ha reconocido en estos días, en sus comentarios posteriores a la muerte del ex mandatario. Esa recuperación institucional que representó el kirchnerismo no fue formal únicamente. Kirchner se salió del protocolo no sólo al momento de asumir su bastón de mando y jugar a ser trapecista con él, sino, fundamentalmente, en la manera de ejercer su poder político. De modo totalmente desconocido para la democracia argentina que siguió a la experiencia peronista, Néstor Kirchner fructificó la potestad legal del Estado y maximizó en beneficio del país las facultades institucionales de las distintas reparticiones estatales. Extremó todo lo que le fue posible los resortes y la malherida legislación que dejó el neoliberalismo, para alentar cambios favorables al segmento social más postergado. No se limitó a un rol decorativo, como estaba reservado a los presidentes de esta región sur del mundo.
Los medios dijeron, y continuarán haciéndolo, que Kirchner quiso “controlar” al Poder Judicial. Nada es más falso. Prueba de ello no sólo es la copiosa cantidad de fallos adversos a las políticas centrales del gobierno, sino también el enorme gesto democrático de cambiar la ley que establecía el número de integrantes de la Corte, privándose de hacer uso de lo que por mandato constitucional le estaba permitido: el nombramiento de dos cargos vacantes de los nueve con que contaba el Máximo Tribunal desde el menemismo.
Néstor Kirchner, en una notable señal republicana, regresó a cinco el número de integrantes, y se inhibió de proponer a dos cortesanos (tras las vacantes producidas en el Máximo Tribunal, por renuncia de uno y destitución del segundo), que le aseguraran una visión estratégica afín a su proyecto político, como tantas veces ha ocurrido en la historia argentina, con resultados que aún hoy abochornan a su sistema judicial.
También modificó la ley que establece la cantidad y porcentaje en la representación de los integrantes del Consejo de la Magistratura, ampliando el poder de decisión a los sectores políticos, de oficialistas y opositores, con la sabia intención de democratizar ese instrumento institucional, viciado por su comportamiento corporativo, y que había surgido del oscuro Pacto de Olivos, sellado a espaldas de la población entre Menem y Alfonsín. Todo lo cual, sin embargo, fue interpretado en los medios como un intento de someter la justicia a los vaivenes políticos.
En lo estrictamente laboral, los trabajadores judiciales han expresado públicamente su agradecimiento. Nunca como durante el proceso iniciado en 2003, los judiciales abreviaron de modo tan drástico la distancia entre los ingresos de trabajadores y los de los funcionarios. Emparejaron la brecha y dejaron firme un criterio de equidad salarial que establece que cada aumento de sueldos será igualitario, tanto para magistrados como para ordenanzas. Un porcentaje idéntico para todos. Ya no más las sumas millonarias para los jueces, y nada o migajas para los empleados, que distinguió a la justicia de los años noventa, esa sí que adicta. 
Asimismo, el presupuesto que elabora el Poder Ejecutivo, y que le es asignado al Poder Judicial para el buen funcionamiento de los Tribunales, jamás fue tan alto. Las operaciones de prensa montadas para tergiversar esta implacable verdad, no pueden ocultarla. Las arcas del Tesoro nacional, en franco desarrollo desde 2003, acompañaron palmo a palmo la dificultad que fue dándose en la justicia, que en pocos años vio multiplicar de manera exponencial su volumen de trabajo y el nivel de complejidad de sus investigaciones, consecuencias intrínsecas de la situación social tan acuciante que soportamos los argentinos en las últimas décadas.  
Tan fría la justicia siempre. Tan puntillosa y circunspecta, ella. Tan exacta en su formalidad, ajena y poco inteligible para el pueblo, cuando Néstor Kirchner arribó al gobierno y le dedicó los primeros trazos gruesos de su gestión democratizante, varios volvieron a creer en ella. Lo poco o mucho de legitimidad que esa institución del Estado democrático recobró en estos años, son obra de aquel irreverente de la política argentina, que ya se extraña. También en los tribunales nacionales, por el pueblo de a pie que los mira buscando quién se le parezca un poco. Un gran poquito al menos.  

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Néstor Kirchner: construyendo sueños

Por Stella Calloni - http://www.nuestraamerica.info/leer.hlvs/5675
Uno de los signos del cambio que registraría el país con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno lo advertimos en ese pequeño pero inolvidable gesto de aquel 25 de mayo de 2003 al tomar el bastón de mando con un juego de manos que rompía el acartonamiento ridículo de viejos protocolos.
Desde allí el ex presidente saldría a la calle para recorrer caminando las cuadras que separan el Congreso de la Casa Rosada, mezclado entre la gente, una marea incontenible que rompía el espejo congelado de diciembre del 2001. 
Eran signos vitales todos ellos, incluso su frente golpeada por un fotógrafo, a su vez empujado por la marea, su cabello despeinado, ese parecerse a todos, lo que dio cuenta de que el hombre que llegaba del lejano sur, en un país enormemente extendido que no se conoce entre sí, venía para algo distinto.
Pocos recuerdan ahora ese “infierno” que encontraba y al que se refirió en su primer discurso: un país de llagas abiertas, una dictadura omnipresente, aunque se había ido en 1983, y otra, la globalizadora experiencia que fue un saqueo abierto a la nación. Y cuando decimos la nación estamos diciendo a un pueblo.
Nada quedaba en pie. El cierre de fábricas en Argentina durante los 90 se correspondía a la situación de un país que había vivido una guerra. Desmanteladas y vendidas al mejor postor las empresas del Estado, con el desempleo más grande en la historia del país, la pobreza e indigencia más desoladoras y la destrucción implacable de los mejores avances sociales.
El estallido de diciembre de 2001, que algunos políticos aprovecharon para atizar fuegos y sacar ventajas sobre las cenizas humeantes -lo que tanpoco hay que olvidar- dejaba un país derrumbado, donde grandes masas populares, la mayoría de desocupados “excluidos” -como les gusta llamarlos a algunos sociólogos- desterrados en su tierra, estaban en constante movimiento.
La protesta era intensa, aunque lamentablemente de lo que pudo surgir de la rebelión en el 2001, mucho se perdió por las miserias y mezquindades humanas que surgían de aquel individualismo feroz que se vendió como baratija durante la noche neoliberal. Esto también horadó a sectores de una izquierda, que aún no se había reorganizado en la medida en que la dictadura militar no sólo dejó 30 mil desaparecidos y otras consecuencias gravísimas, sino también rompió con la continuidad histórica.
Era difícil encontrar el camino, que bien hubiera trazado la dirigencia política, los delegados gremiales, estudiantiles, perdidos en la noche y niebla de las desapariciones forzadas.
Los signos hacia el interior del país fueron muchos. Pero las presencias internacionales como la de los presidentes de Cuba, Fidel Castro y Venezuela, Hugo Chávez y otros, así como las delegaciones que llegaron, de alguna manera, y en otra magnitud, recordaron aquella primavera breve de 1973 cuando se bailaba en la plaza de Mayo, porque había llegado Héctor Cámpora al gobierno después de años de proscripción partidaria y persecución al peronismo, todo lo cuál muchos olvidan.
Y por cierto aún no se escribió la historia de la infamia de los que abrevaron de esa proscripción para sus propios intereses sin enfrentarse a los poderes de turno para que se hiciera justicia en este caso.
El discurso de Kirchner fue muy claro. Habló de salir del infierno. Y muchos no lo creyeron. Sobre lo que dijo hizo muchísimo más. A veces he escuchado políticos y sociólogos fuertes críticos del gobierno, que dicen: “reconocemos lo que hizo en derechos humanos, en cambios en la Corte, en algunos pasos sociales, en abandonar las relaciones carnales con Washington, su posición de integración con América Latina, y “algunos ” pasos económicos, pero… Y ahí viene la retahíla de unos y otros.
Unos desde consignas vacías y otros desde planteos teóricos en los que han abandonado toda mirada estratégica sobre el momento que vive el país y América Latina.
Por cierto aquellos que “reconocen” lo realizado por Kirchner con el “pero” posterior, no explican que en cada uno de esos pasos que daba tocaba el corazón oscuro del poder económico- político, más concentrado y brutal de la historia, el poder militar y policial y el poder mediático, que es el que se transformaría en el primer partido opositor del país.
Después de los tiempos de los primeros gobiernos de Juan Domingo Perón (1946-1955) y de la despiadada e inmoral furia contra Eva Perón, no se ha visto en el país una reacción tan brutal de los medios de comunicación masivas -simples apéndices hoy de un poder dictatorial mundial- como lo sucedido desde que Kirchner comenzó a tomar sus medidas más profundas.
De lo que la derecha haya hecho y siga haciendo para destituir a ese gobierno (2003-2007) y a la actual administración de Cristina Fernández de Kirchner nadie puede sorprenderse. Lo que sorprende es la decadencia de alguna llamada izquierda que se jactó de oposición crítica, para convertirse en el ala “izquierdista” de la derecha más burda y pobre ideológicamente de nuestra historia.
El legado de Kirchner es vasto. La reinstalación del debate político en un país acostumbrado a la guerra de los escorpiones, es sin duda lo que en estos momentos ha permitido el retorno de miles y miles de jóvenes a la política. Pero también derrotar a la corporación mediática, como sucedió con lo acontecido alrededor de la muerte del ex presidente. Allí quedaron al desnudo los mercenarismos encubiertos como “tarea periodística” las hipocresías, las falsificaciones ideológicas y hasta de algunas aparentes luchas gremiales sociales.
Para América Latina, la muerte del ex mandatario elegido en agosto de 2010, por unanimidad, por los presidentes de la región como secretario general de la Unión de las Naciones Suramericanas (UNASUR) es una pérdida evidente. Su trabajo en varias circunstancias, como el intento de lograr un intercambio humanitario que abriera la posibilidad de una paz verdadera y no de cementerios en Colombia, fue sin duda una muestra de su capacidad de acción y negociación y del interés profundo de integrar definitivamente a Argentina a esta América Latina, a la que pertenece.
Algunos nostálgicos dictatoriales deben recordar que fue esa América la que se puso de pie para defender el derecho de este país a recuperar las islas Malvinas, durante la llamada Guerra del Atlántico Sur (1982).
La muerte de Kirchner se produjo poco tiempo después de que por una reacción inmediata de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y del propio ex presidente en horas, se reunieran los mandatarios de Unasur para hacer muralla contra el intento de golpe de Estado en Ecuador (30-11-10) cuya matriz hay que estudiar a fondo para entender que entre los nuevos protagonistas de la oligarquía y el militarismo a su servicio, también estas nuevas creaciones de “izquierdas” aparentemente opositoras críticas a ese gobierno. Y la capacidad de infiltración de la inteligencia de EE.UU en movimientos sociales con historias respetables en el pasado como ha sucedido con un sector del movimiento indígena.
También Cristina y Néstor estuvieron en la primera fila para impedir el golpe contra el presidente Evo Morales de Bolivia en septiembre de 2008 y para decir “no aceptamos” el golpe de Honduras en junio de 2009, ni su continuidad encubierta. Se mantuvieron firmes para rechazar los intentos mediáticos y otros de guerras sicológicas, para separar a Argentina de Venezuela o de Brasil, un sueño que ha comenzado a ser eterno para el poder mundial, que no acepta que América Latina se haya convertido en el continente de la resistencia. Especialmente hoy ante el triste espectáculo de ver a la orgullosa Europa arrodillarse ante los mandatos del FMI cuando ya este ha sucumbido en el mundo y el centro del capitalismo mundial hace aguas por todas partes.
Por eso persiguieron despiadadamente a Kirchner y a su esposa, la actual presidenta. Basta leer los vergonzosos artículos de alguna prensa europea.
El discurso de Kirchner en la Cumbre de las Américas en Mar del Plata en noviembre de 2005 ya está escrito en la historia del mundo, para mostrar como un grupo de países, mediante la voz firme del presidente anfitrión en este caso, decía que “no” nada menos que al proyecto más brutal de recolonización y recuperación de una región como fue el Area para el Libre Comercio de las Américas, que planeó Washington.
Y el “chau” FMI que muchos no quisieron comprender, aunque saben perfectamente bien, que el no pago de la deuda externa, expoliadora de nuestros pueblos y el recurso clave para hacernos altamente dependientes, sólo es posible con una alta cohesión interna en torno a las consecuencias. Como periodista he conocido o vivido en tres países bajo bloqueo: el más duro y largo de la historia en Cuba, donde la resistencia es heroica y el que se impuso a Nicaragua en los años 80 y a Panamá antes de la invasión del 20 de diciembre de 1989.
La muerte de Kirchner nos puso frente al espejo de la realidad y obliga a una introspección a la izquierda toda a mirarse en las profundidades. A preguntarse hasta cuando se utilizará la teoría vaciada por un consignismo anti- histórico o cuál será el momento para asumir la necesidad de dejar de recitar versículos como salmos abstractos y a utilizar la dialéctica, que es la esencia del marxismo vivo, no muerto. Sin dejar nunca de lado los principios esenciales.
Nada de lo que hizo Kirchner fueron sólo actos simbólicos. Si no, miren las páginas de los conspiradores de siempre demonizándolo o los pichones de los dictadores de turno llamando al golpe, frotándose las manos sin entender que hay muertos que para los pueblos son un motor que se agiganta cada día.
Los recuerdos de la vida que dejó Kirchner detrás son como la lava del volcán. Más allá de los errores lógicos que se pueden cometer cuando se está construyendo en caminos tan erizados.
No se equivoquen. Los que salieron a las calles, le dieron la razón a la idea base que inspiró la transversalidad al ex presidente. Fue una masa trasversal, organizada o anónima que se lanzó a la plaza. Fue el retorno del mejor peronismo lo que vimos aparecer desde debajo de las piedras.
El acto fue multitudinario y tan sorprendente que los medios de incomunicación del poder económico extranjerizante no pudieron encubrir. Hay un antes y un después del 2003. Analicemos lo que significan los juicios contra los dictadores-únicos en el mundo- para destruir los hilos de baba de la impunidad. Hay un antes y un después del 27 de octubre de 2010. Pero requiere el sostén de todos, entre ellos un cuidadoso, inteligente y coherente accionar de sus seguidores, abriendo caminos.
También se requerirá de la crítica constructiva, no la que destruye compulsivamente, para saltar al vacío. O lo que es peor la que no se diferencia del discurso de los verdaderos demonios de un poder criminal.
En 2005, durante una entrevista que le hice al presidente Hugo Chávez, me dijo que Néstor Kirchner desde un principio lo acompañó en su proyecto latinoamericano y bolivariano. “No lo quiero decir públicamente porque sus enemigos lo van a usar contra él”, dijo entonces. Ahora Chávez ya pudo decirlo públicamente.
La presencia de los presidentes latinoamericanos de todo signo en el velatorio de los restos de Kirchner fue otro golpe para la corporación mediática, que está alineando fuerzas para golpear al gobierno de Cristina Fernández.
No parecen entender lo que sucedió cuando repentinamente miles de silenciados por sus chantajes mediáticos pudieron dar rienda suelta a su bronca y su dolor. Se ha perdido el miedo, sembrado cuidadosamente día tras días. La continuidad de este gobierno se refleja en la profundización que significaron las recuperaciones de empresas entrañables del Estado, de los fondos de pensiones, que se han convertido en una estafa trágica en otros países, la asignación universal por hijos -que se une a aquellas jubilaciones históricas que adjudicó Kirchner a millones de personas que quedaban a la deriva- así como en la serie de cambios muy importantes también en los social, cultural y educativo que se van dando desde la nada en que habíamos quedado.
Y esa Ley de Medios, que democratiza verdaderamente la información y la igualdad de la palabra y la voz para un pueblo, conforman otros capítulos de la historia, que sólo se puede escribir desde una compacta unidad nacional, respaldados por una unidad continental en tiempos en que nos amenazan con bases, flotas, Fundaciones, guerra sicológicas y el retorno golpista con otros elementos. Falta mucho por hacer. Y hay otros aspectos que se analizan como dignos de críticas, pero en todo caso hay caminos para ese disenso, que es importante, para evitar riesgos futuros.
El desafío es intenso, la demanda nada menos es asegurar la independencia futura. Eso sin dejar de exigir, demandar, advertir responsablemente. Algo que conocía muy bien el hombre que llegó desde el sur y al que le gustaba repetir “nunca más” para que en realidad nunca más fuera. 

martes, 9 de noviembre de 2010

EL INFIERNO ES POCO

- El amor vence - Por José Pablo Feinmann - http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-156580-2010-11-09.html 

Hizo pintar –en paredes de Mar del Plata, por ejemplo– leyendas de un cinismo memorable: Ganar la paz, decía una. La otra era peor: El amor vence. Galimberti, que lo conocía bien, decía: “Cuando Massera quiere hablar con alguien, lo secuestra”. Desde la picana pensaba llegar al poder absoluto. Tenía pinta y sonrisa como para imaginarse un nuevo Perón. Era un megalómano delirante. Durante el Juicio a las Juntas, desafiante, dijo a la audiencia, a los jueces, a los periodistas, a todos: “A ustedes les queda la crónica, a mí la Historia”. Tenía razón. Por desgracia, Massera pertenece a la historia de nuestro país, a su historia más profunda, a su lógica más perversa. Y más todavía. Pertenece, Massera, al gran Museo de Horrores de la Humanidad. Como el genocidio argentino, del que fue uno de sus más señalados protagonistas.

En Los hundidos y los salvados, Primo Levi marca a los asesinos de este país como imitadores de los criminales alemanes. Dice: “Sus imitadores en Argentina y Chile”. Eso fueron Massera y todos los restantes capitostes de la masacre: imitadores de Himmler, de Goering, de Hess, de Eichmann. Tenía razón Massera esa tarde ante el tribunal que lo juzgaba: no tanto en el primer sentido de su afirmación (“A ustedes les queda la crónica”), pero sí en el segundo: “A mí la Historia”. Sí, le queda la Historia. Ingresó, con pleno derecho, a la historias de las grandes masacres del siglo XX. Y del lado de los masacradores.

Pero hay algo más en el Almirante: a la masacre le añade la crueldad. La ESMA –de la que era jefe absoluto, amo y señor de la vida y de la muerte–- era un campo de concentración y exterminio. Pero, al ser un campo de recabamiento de información, era un campo de torturas. La tortura le fue más esencial a la ESMA que a Auschwitz. El detenido que ingresaba en Auschwitz, el que cruzaba ese portón en que había un cartel que decía El trabajo os hará libres, iba, sin duda, a morir, tarde o temprano habría de morir, pero muchos no fueron torturados, porque Auschwitz no era un centro de acumulación de información. La información, su búsqueda, su urgente necesidad de posesión para atrapar a los otros, a los ligados al detenido antes de que pudieran escapar, era propia de la ESMA. La ESMA era, en primera instancia, un centro de búsqueda de información, es decir, un centro de torturas. Además, la tortura era parte de un esquema prefijado que se proponía quebrar al detenido. Y era tan terrible que muchos, luego de pasar por ella, preferían morir antes que volver. Fue, como Drácula, un empalador. Llenó de cadáveres el Río de la Plata. Gritó (junto a Videla y Agosti y todos los enfervorizados hinchas que desbordaban el estadio de River Plate) los goles de la Selección Argentina, los goles de Kempes, el matador. Con cada gol argentino, más poder para Massera. Más poder para que secuestrara, torturara, violara, prohibiera, le dijera al mundo que éste era el país de las maravillas y que, aquí, se vivía en medio de la alegría y el respeto por los derechos humanos.

Que ahora se muera no sirve para nada. Todos, alguna vez, nos vamos a morir. Massera ya hizo en nuestra historia todo el daño que podía hacer. Lo pidió un pueblo que quería orden y él le dio ese orden. Una de las primeras publicidades televisivas de la Junta decía: Orden, orden, orden, cuando hay orden el país se construye de arriba abajo. En esa búsqueda de orden, siempre exigida por los argentinos, hay que encontrar la explicación de la existencia de monstruos como Massera. Si alguien, hoy, le desea el Infierno, se equivoca. Si Massera va al Infierno lo van a recibir como a un héroe. Al cabo, él es uno de sus creadores. El creador de una de las figuras más perfectas del Infierno, la ESMA. ¿Podríamos entonces desearle el Cielo, ese lugar donde un Dios justo le señalaría sus culpas? Ocurre, sin embargo, que el Cielo y ese Dios justo no existen. ¿Cómo habrían de existir si existió Massera?

 

domingo, 7 de noviembre de 2010

Kirchner se ganó un lugar en la historia

Gabriel Fernández -  http://www.eleslabon.org.ar/noticias_desarrollo.shtml?x=61766

Néstor Kirchner ha liderado un proceso nacional popular equivalente al disparado por Juan Domingo Perón entre 1945 y 1955. Si los contenidos resultan semejantes (y exitosos) las situaciones que los impulsaron no aparecen tan diferentes cuando se comprende que la vida colectiva se configura en trazo grueso.

Pues si la primera década infame eclosionó en 1945, la segunda lo hizo en el 2001. Esto es: el pueblo movilizado quebró en ambos casos la cerviz del régimen conservador e impuso un despliegue nacional popular profundo, atravesado por la justicia social.

En los dos esquemas, la tendencia inclusiva, con rasgos reparadores, campeó. Esto se debe al criterio orientador la política económica a través de la preeminencia de la política y de la intervención del Estado. También, a la persistencia de una actividad privada lerda para producir, vivaracha para recaudar, pero sobre todo dinamizada por el camino general.

Como no resaltar, cual vertebración, el espíritu latinoamericanista de ambas gestiones. El impulso del ABC ideado por Perón emerge a través de las décadas: resultó plasmado en el Unasur, versión potente y actual de aquella concepción.

También se observa continuidad en los cuestionamientos. Junto a los argumentos más conocidos (patotas, corrupción, autoritarismo) se desplazan otros con cierta complejidad (maquillaje, doble discurso, deshonestidad intelectual). En conjunto, un clásico de la cultura antiperonista.

Un puñado de distancias importantes objetan el planteo: mientras las masas de los 40 solicitaban carta de ciudadanía ante la expansión de la industria a través de la sustitución de importaciones, las de los 90 requerían empleo, atosigadas por la debacle neoliberal.

Esto llevó al gobierno peronista a dinamizar pero sobre todo a ordenar con sentido social la economía; en tanto, el kirchnerismo tuvo que forzar el despegue asentándose en el equilibrio de precios internos y externos, en el empleo de la renta agropecuaria para sostener las finanzas públicas, y en la reasignación de recursos, entonces si, con sentido social.

Los dos casos (uno con sesgo directamente industrial, el otro con dinámica asistida para llegar a ese fin) dieron cuenta de la rápida y gigantesca capacidad de recuperación del pueblo y el aparato productivo nacionales. Perón y Kirchner supieron comandar un gran país en momentos distintos pero hilvanados. Lo hicieron con estilo propio y con una creatividad asombrosa. No se ataron a recetas y triunfaron. Las personas de estas tierras los recordarán. La comparación no es vana para el lector atento: Néstor se ganó ese lugar.

 

 

sábado, 6 de noviembre de 2010

ESE HOMBRE

Por Fabián Rodríguez - http://www.revista2010.com.ar/noticia.php?id=119


Néstor Kirchner fue el único hombre, en varias décadas, que tuvo la decisión de terminar con años de olvido en torno de “la cuestión conurbana”.
Desde muy chico, mi papá me empezó a hablar del peronismo y de lo que había significado "El Pocho" (porque así se refería mi padre a Perón) para el desarrollo de nuestro país y el bienestar de su gente. En lugar de aprender las canciones de María Elena Walsh, yo sabía cantar la Marcha Peronista a los nueve años, y mi papá aprovechaba las reuniones familiares para mostrar a su hijo cantor.

El método de mi viejo para convertirme en un peronista precoz era tan simple como efectivo: cada vez que viajábamos en el auto, él me iba marcando los testimonios más importantes de la obra pública que había sido construida durante el período clásico de la etapa peronista. Para completarla, cada vez que pasábamos por alguno de aquellos monumentos históricos moldeados en hormigón, la remataba con un "y está así desde aquella época eh. Nadie le puso un ladrillo encima siquiera".

Y claro, la victoria documental del peronismo por sobre los gobiernos (radicales o militares) que le habían sucedido, era apabullante. Ni siquiera la efímera experiencia setentista podía hacerle sombra a aquel proyecto de país que mi papá había conocido cuando apenas tenía la edad que yo tenía cuando él me mostraba estas cosas.

Lo más maravilloso (y esto pude comprenderlo recién con el paso del tiempo) es que mi viejo no había sido un beneficiario directo de las políticas del primer peronismo. Sí mi madre, pero él no. La casa de mis abuelos paternos era el típico hogar de clase media con aspiraciones, donde siempre te contaban que "nunca había faltado nada". Los frutos que daba la inmobiliaria de mi abuelo, hicieron que sus dos hijos (mi papá y mi tía) crecieran sanos y felices, y que mi abuela no haya tenido la necesidad de trabajar nunca en su vida (cumplía con algunas tareas de ama de casa). 

Para colmo, mi abuelo era dirigente de la Unión Cívica Radical, y llegó a ser Concejal durante dos períodos, siempre en el frondizismo.

Por eso pienso que mi papá tuvo cierta abstracción, como para poder valorar a la obra de gobierno del primer peronismo, en toda su dimensión. No se trató, en absoluto, de un berretín para sacarle canas verdes a su padre. Al contrario: mi papá admiraba profundamente al suyo. La cuestión del peronismo tenía que ver con una ecuación muy sencilla: a mi papá le gustaba vivir bien, pero además quería que todo el mundo viviera de esa manera.

Nunca escuché de boca de mi viejo, anécdotas del tipo “gracias a Perón en mi casa tal cosa”. Sí, en cambio, de boca de mamá. Pero mi viejo me marcaba otras cosas, y aquí es adonde vuelvo a las anécdotas arriba del auto, cuando mi papá, mientras manejaba, me iba señalando las marcas indelebles que fue dejando el peronismo en el espacio público urbano: el Viaducto y el Hospital Presidente Perón en Sarandí; el Evita de Lanús; los Bosques de Ezeiza y el Hogar Escuela Eva Perón; la Universidad Obrera Nacional (luego UTN); la autopista Ricchieri, y así podríamos seguir enumerando los sitios a través de cuales el peronismo dejó su huella.
 
Nótese que me dediqué a mencionar sitios ubicados en el conurbano, en especial de la zona sur. Ese ideario de obra pública se ha extendido, no sólo hacia todo Gran Buenos Aires, sino que recorrió todo el país.

Pero volviendo al conurbano, también hay que decir que durante mucho tiempo, esa visión de administrar un territorio fue directamente olvidada o, en el mejor de los casos, distorsionada, como lo fue la experiencia del Fondo de Reparación Histórica del Conurbano Bonaerense instrumentado en la década del noventa: un despilfarro de 600 millones de dólares mensuales que sirvió para maquillar el atraso gubernamental de todos los gobiernos que habían precedido al menem-duhaldismo.

Hubo que esperar casi sesenta años para que un nuevo Gobierno Nacional entendiera nuevamente al conurbano como una “cuestión nacional”, es decir, una construcción histórica muy compleja, nacida del éxodo interno que se produjo en nuestro país desde la década del treinta en adelante.
 
Néstor Kirchner fue el único hombre, en varias décadas, que tuvo la decisión de terminar con años de olvido en torno de “la cuestión conurbana”, introduciendo un cambio en la matriz administrativa que terminó con la lógica que hasta entonces delineaba la política municipal en el Gran Buenos Aires: los llamados “Municipios ABL”.

Un Municipio “ABL” era aquella unidad de gestión que únicamente se encargaba de recaudar las tasas de Alumbrado, Barrido y Limpieza para poder, con esas migajas, subsistir administrativamente pagando los sueldos de los empleados y realizando alguna que otra obra pública de baja intensidad, como bacheo, desagües y/o algún que otro parque. En el medio, se esperaba que a los gobiernos de Nación y Provincia se les ocurriera llevar adelante alguna obra de envergadura, ya sea un hospital, una escuela, o algo similar.

El kirchnerismo terminó definitivamente con “los Municipios ABL”. En algunos casos por conveniencia, en otros por convicción, Néstor Kirchner trabó una serie de acuerdos políticos con los Intendentes, que a su vez se convirtieron en brazos ejecutores de las políticas públicas nacionales. Hoy, cuando uno pasea por el conurbano con sus hijas, no tiene que andar aclarando quién es el responsable de esa transformación.

Este tipo de decisiones, son las que les cambian la vida a las personas, porque repercuten en el día a día. Acá no hay cháchara posible y Néstor Kirchner ya está instalado en la memoria colectiva de la mayoría de los habitantes del Gran Buenos Aires como el hombre que quiso y pudo.
 
Por eso estas líneas, por eso estas lágrimas.

viernes, 5 de noviembre de 2010

ARGENTINA - KIRCHNER: Dueño de una pasión o de cómo abrir una ventana hacia Nuestra América Latina

Por  Carla Wainsztok - http://www.nuestraamerica.info/leer.hlvs/5674

Ha muerto un soñador de la Patria Grande. Ha muerto un constructor de Nuestra América Latina. Hemos leído mucho y muy bueno sobre la figura de Néstor Kirchner. Por nuestra parte, en estos párrafos queremos destacar dos hechos que para nosotros son actos pedagógicos-culturales.

Nos referimos a la orden de bajar el cuadro de los genocidas y al “entierro del ALCA”

Respecto al primero diremos que para poder conmovernos con la inauguración de la Galería de los Patriotas latinoamericanos, durante los festejos del Bicentenario, era necesario descolgar con anterioridad el cuadro de los asesinos del pueblo. Era imposible que la Galería de los Patriotas latinoamericanos naciera y conviviera con esos otros retratos. Galería con la cual nos hemos vuelto a conmover por estos días, cuando nosotros, cuando el pueblo, saluda, despide al compañero Néstor. 


En relación al “entierro del ALCA” recordemos corrían los primeros días de noviembre de 2005. En Mar del Plata se realizaba la IV Cumbre de las Américas, pero también se realizaba en paralelo la Cumbre de los Pueblos. No la cumbre de la gente. Es que había llegado para América Latina, la hora de los Pueblos. ¿Cómo no recordar el acto en el estadio de Mar del Plata? dónde el presidente Chávez afirmaba ¡¡¡alca, alca al carajo!!! y era parte de la comitiva el cocalero Evo Morales ¿cómo no recordar la llegada del tren de la contra cumbre.? 


Pero también es necesario rememorar que 29 países estaban a favor del ALCA y que el presidente de México Fox era un aliado imprescindible del Imperio. Sólo cinco países estaban en contra, los integrantes del MERCOSUR y Venezuela. 


Néstor le dijo durante la Cumbre, en la cara a Míster Bush “No nos vengan aquí a patotear” y puso como eje central de la Cumbre el tema del empleo, del empleo digno. Del empleo no sólo como un fin económico, sino del trabajo como constructor de identidades, de formaciones culturales. 


Es que no se trataba simplemente de ponerle límites a la expoliación económica, el fin del ALCA partía de una concepción pedagógica y cultural propia. Un pensamiento apropiado, un contar con lo nuestro, un contar con nuestras historias de pueblos hermanados. El fin del ALCA es el producto de la descolonización pedagógica. 


Hasta ese momento, desde mayo de 2003 un frescor se introducía por las hendijas de las ventanas de nuestras clases, pero a partir del 4 y 5 de noviembre un viento sureño ingresaba a nuestras aulas. Como ese viento que despide a Néstor por estos días en la Ciudad de Buenos Aires. 


Es cierto en las clases no suele haber aplausos. Y al tratarse de espacios cotidianos tampoco suele haber grandes reconocimientos. Entonces una a veces se pregunta y hoy se vuelve a preguntar por la eficacia política de esta forma de intervención que es trabajar en un aula. Es que a veces las luces del “centro” enceguecen pero creo que la clave no es pensar en una sola clase, en una sola aula. Hay que construir miles y miles de clases sobre las historias de Nuestra América, sobre las pedagogías latinas, sobre las sociologías indoamericanas. Y esta es una gran batalla cultural a dar. 


De todos los testimonios que hemos leído en estos días queremos destacar fundamentalmente por su belleza y, por su simpleza el de dos presidentes de la Patria Grande. Nos referimos a las palabras de Evo Morales y Hugo Chávez. 


Evo afirma: “Me quedé huérfano, siento que perdí a un hermano mayor, a mi padre, a un amigo, a todos juntos. Siento que toda América Latina quedó huérfana del hermano Néstor, que fue el primer presidente de todo el continente, él me enseñó con el ejemplo que los latinoamericanos no somos el patio trasero de ningún imperio” 


Por su parte Chávez nos recuerda el texto de José Martí, escrito en 1881 sobre Cecilio Acosta, tengo el texto junto a mi mano, permítanme citarlo un poco más allá del parafraseo del comandante”  Ha muerto un justo (…) Llorarlo fuera poco.  Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje grato a las grandes naturalezas digno de ellas. Trabajó en hacer hombres: se le dará con gozo con serlo ¡ Qué desconsuelo, ver morir en lo más recio de la faena a tan gran trabajador! Sus manos, hechas a manejar los tiempos, eran capaces de crearlos (…) Quería hacer la América próspera, y no enteca: dueña de sus destinos” 


Ha muerto el dueño de una pasión, la pasión por contribuir a la construcción de la Patria Grande. 

Con él se va una parte de nuestras historias, todavía nos quedan los amores, los compañeros, los sueños, los libros por escribir y las miles y miles de aulas donde se narren las historias de Nuestra América, las pedagogías latinas y, las sociologías indoamericanas.

 

LA DERECHIZACIÓN NO ES LOCAL: ES GLOBAL


Muchos expertos y otros que no lo son advierten acerca de la derechización de la política internacional. La mala noticia es que no se trata sólo de los líderes y los partidos políticos, sino de las sociedades; tampoco es un fenómeno exclusivamente europeo.

El hecho es más notable porque pone fin a una opulenta paradoja: en la postguerra, la burguesía europea, sobreviviente del fascismo, junto con la reconstrucción y el restablecimiento de la democracia, promovió la instalación de los “Estados de Bienestar”: un proyecto socialista impulsado desde el capitalismo. 

En 1949, en la entonces República Federal de Alemania, a los 73 años, Konrad Adenauer, católico y anticomunista, se convirtió en el primer canciller de Alemania Federal, cargo en el que se mantuvo durante los siguientes 14 años en los cuales, con el concurso de Ludwig Erhard, ministro de economía, impulsó la llamada “economía social de mercado” que llevó a la edificación del Estado de Bienestar. En Austria ese papel lo desempeñó el socialista Bruno Kreisky.

En Suecia la tarea fue llevada adelante por la socialdemocracia liderada por Albin Hansson, Tage Erlander, Olof Palme y otros líderes a lo largo de 40 años. Con fuertes tradiciones liberales y políticas sociales avanzadas, los laboristas noruegos que detentaron el poder durante los 20 años siguientes a la derrota del fascismo, consolidaron el Estado de Bienestar. En Dinamarca los gobiernos socialdemócratas durante cuatro décadas aplicaron políticas coherentes con el resto de Escandinavia. 

En Francia, Italia y Gran Bretaña el auge económico asociado al fin de la guerra, el repudio de los pueblos y de las élites políticas al fascismo y la restauración de la democracia allí donde los nazis la habían suprimido, se asoció a un clima político liberal y permisivo en el cual se realizaron importantes demandas obrera y aspiraciones populares. 

Aquellos procesos, caracterizados por la elevación del nivel y la calidad de la vida para amplios sectores sociales, incluyendo a la clase obrera, el campesinado y las capas medias urbanas, dieron lugar a climas políticos en los cuales predominaron las alianzas, la moderación y el retraimiento de las fuerzas políticas más radicales que fueron neutralizados por el auge reformista. 

Como parte de aquella inédita coyuntura, los liberales, laboristas, socialdemócratas y democratacristianos atenuaron los matices anticapitalistas de sus discursos originales. Por gravedad y por el pésimo mensaje del socialismo stalinista que se practicaba en la Unión Soviética y Europa Oriental, las ideas anticapitalistas, la promoción del cambio revolucionario por vías violentas, la intensificación de la lucha de clases, el establecimiento de la dictadura del proletariado como programa perdieron terreno o se mimetizaron con las ideas dominantes. El eurocomunismo fue expresión de aquellas mut aciones. 

Aquellos procesos, en general positivos y que beneficiaron a las masas europeas, de algún modo también a los procesos políticos tercermundistas y a la causa de la paz al favorecer la Detente, apoyar la limitación de armamentos y la no proliferación nuclear, desde hace algún tiempo han revelado un ángulo inesperado. 

Cuando el fin de la Unión Soviética y el fracaso de la experiencia socialista en Europa del Este, en vez de a la profundización de los procesos sociales avanzados y el reformismo han dado lugar a retrocesos políticos que revierten las prerrogativas alcanzadas por los pueblos y los trabajadores europeos; el auge neoliberal encuentra a los obreros y a otras fuerzas sociales políticamente debilitadas, en ocasiones acéfalas y desconcertadas. 

La reversión política europea que se inició con la llegada al poder en Gran Bretaña de Margaret Thatcher (1979-1990) que reorientó la política británica hacía un enfoque neo liberal fundamentalista que, entre otras cosas, conllevó a retrocesos en la aplicación de programas sociales, proceso acentuado por la dinámica introducida por la caída de la Unión Soviética, la Guerra del Golfo, las contiendas emprendidas tras el 11/S y la actual crisis económica mundial, pasa ahora la factura. 

La actual coyuntura europea, inédita por tratarse de uno de los ejes de la primera crisis sistémica del mundo global, requeriría una movilización a escala virtualmente continental, que exige de vanguardias políticas capaces de definir las metas, promover y organizar la solidaridad y convertir las demandas sociales en confrontaciones de clase por metas estratégicas. Tal vez lograr que la jubilación no sea a los 67 años sino a los 65 sea de una importancia enorme para los obreros franceses aunque conquistas de esa tesitura no definirán el futuro. 

A fines de los años sesenta Herber Marcuse escandalizó a los pensadores marxistas cuando sostuvo que el bienestar disfrutado en la posguerra había adormecido a la clase obrera y mellado el filo de sus instrumentos de lucha. Según su tesis, comparada con los tiempos originales, la explotación capitalista se había convertido en algo “placentero”. Las revueltas de Mayo de 1968 le dieron la razón. Ojalá los actuales acontecimientos no lo confirmen. Allá nos vemos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Claudia Pirán - Zamba del laurel

Clarín me convenció

NO VOY A VOTAR A LOS KIRCHNER. LOS MEDIOS ME CONVENCIERON….LES VOY HACER CASO. Por supuesto que ya mismo le voy a decir NO a todo lo que hicieron y quiero que me acompañes tu firma al pie proclama: Fontova  artista integral - http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/7627000/clarin-me-convencio-_por-fontova_.html

Después de analizar las razones por las que este proyecto ha llegado a su fin debo confesarles que me convencieron: 
NO VOY A VOTAR A LOS KIRCHNER. LOS MEDIOS ME CONVENCIERON....LES VOY HACER CASO . 
Por supuesto que ya mismo le voy a decir NO a todo lo que hicieron y quiero que me acompañes con tu firma al pie de la proclama: 
1. NO a la nacionalización de las AFJP: Quiero que ya mismo se las devuelvan los bancos extranjeros y que la caja la manejen ellos. 
2. NO a la recuperación de los salarios de Jubilados: Quiero que deroguen ya mismo el aumento dos veces al año que votó el Congreso y volver al valor histórico de $130 actualizados. 
3. NO a la jubilación universal: Que los que no hicieron aportes, no se jubilen como era antes y que devuelvan la plata todos los que se jubilaron injustamente. Son solo 1.800.000 viejos. 
4. NO a las retenciones a la soja: Que las ganancias se las queden las 2.000 familias que exportan soja y no quiero que se las reparta entre el resto de los argentinos. 
5. NO a la recuperación de los pequeños agricultores: Que el Banco Nación les ejecute los campos o se los vendan a los grandes agricultores o inversores extranjeros. 
6. NO a la vuelta al crédito: Quiero volver al 2003, nada de compra de autos cero kilómetro, ni cocinas, ni calefones, ni computadoras pagadas en inútiles cuotas. No quiero que laburen los trabajadores de esas empresas, que los despidan si no venden. 
7. NO a la generación de empleo: Los 4 millones de argentinos que consiguieron trabajo, ¡que los devuelvan! 
8. NO al dólar alto: Que favorece a los exportadores solamente. Quiero volver al uno a uno, aunque haya muchos desocupados, vamos a volver a viajar por el mundo. 
9. NO a la Unión Latinoamericana: Quiero volver a las relaciones carnales con EEUU, nada de relacionarse con países atrasados de América. Bloqueo a Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Paraguay, Nicaragua y recontra bloqueo e inundación a Cuba y todos los cubanitos. 
10. NO a la nacionalización de Aerolíneas: Quiero que vuelvan a manos de la madre patria que cuando tuvieron hambre le enviamos trigo y cuando estuvimos mal nos ayudaron con empresas como Repsol y Telefónica. Aunque perdamos algunas rutas aéreas a manos de otros países y vendamos los aviones, podemos viajar con LAN Chile. 
11. NO a las 700 escuelas: ¿Quién se cree Kirchner? ¿Sarmiento? ¡Demolición ya! 
12. NO a la limpieza de la Corte Suprema: Quiero volver a la corte anterior. Quiero volver a la justicia anterior. ¡Antes no había justicia obsecuente del Poder Ejecutivo! 
13. NO a la política de Derechos Humanos: No hay que juzgar a nadie, no hace falta. Devuelvan la ESMA a los fines anteriores. Repriman los reclamos ¡hace 7 años que no muere nadie en una manifestación! 
14. NO a la estatización del Correo: Que se lo devuelvan a Macri, y le perdonamos la deuda de más de 700 millones que debía de canon. 
15. NO a los planes sociales: Los que tienen hambre que pidan en la calle y coman en ollas populares en las plazas, si saquean... ¡a la cárcel y mano dura! 
16. NO a la recuperación de la Fábrica de Aviones de Córdoba: Podemos comprar aviones brasileños, no necesitamos frabricarlos acá. 
17. NO a la derogación de la Ley de Radiodifusión de la Dictadura: Quiero que los medios sigan en pocas manos privadas y quiero seguir pagando para ver el fútbol. ¡Aguanten Clarín, Hadad, Vila y Manzano! 
18. NO al aumento del presupuesto educativo: Vamos a volver al 1,2% del PBI de 2003, y rechazo el aumento al 6% actual que es excesivo. 
19. No a la recuperación del CONICET: Si tenemos tantos científicos por el mundo ¿para que los queremos acá? ¡Que se vayan! 
20. NO a este gobierno: Quiero que vuelva a gobernar cualquiera. Los de la Alianza (Lilita, Stolbizer, Pato Bullrrich, Morales) o los de Menem (Macri, Solá, De Narváez), me da lo mismo. 
¡GRACIAS, CLARIN! ¡ME CONVENCISTE! 

martes, 2 de noviembre de 2010

Néstor: el amor y la magia

Juan Manuel Abal Medina - http://www.diarioregistrado.com/index.php?secc=nota&nid=44379

Me impactó que tantos se preguntaran entre lágrimas: ‘¿por qué se murió él y no yo?’ Néstor, más allá de esa imagen de fuerza y dureza que quería trasmitir, era una de las personas más sensibles que conocí.

 En esa larguísima madrugada del viernes pasado, entre las demostraciones de las decenas de miles de argentinos que pasaron frente al cuerpo de Néstor para rendirle un último homenaje, me impactó que tantos se preguntaran entre lágrimas  “¿Por qué se murió él y no yo?”.

Desde los jóvenes que gritaban desenfadados “¿por qué mierda no me morí yo?”, hasta personas mayores, que con más respeto y formalismo, casi susurraban: “Dios, ¿por qué no me llevaste a mí?”, lo cierto es que muchos argentinos estaban dispuestos incluso a dar su vida a cambio de la de Néstor. Es probable que casi ninguno de ellos lo conociera personalmente. Como mucho, mediante un abrazo, un beso, una foto, un saludo en un acto.

¿Qué factor tan poderoso puede generar tanto dolor, tanto agradecimiento, tanta entrega? Sólo un inmenso amor es capaz de lograrlo. Un amor que muchos sólo conocían en la esfera de lo íntimo, de los afectos más cercanos, de la propia familia, pero que esta inmensa figura, este personaje quijotesco, querible y apasionado, llevó a millones de argentinos.

Tuve la suerte de compartir con Néstor Kirchner los últimos meses de su vida. Luego de militar apasionadamente detrás de su liderazgo durante muchos años, pude estar a su lado en sus últimas epopeyas y conocer así íntimamente a alguien maravilloso, que con una voluntad insuperable era capaz de transformar la realidad más compleja con la misma sencillez que el resto de los mortales damos vuelta la página de un libro.

Supe desde el principio que él no conocía el término “imposible”, que no había nada lo suficientemente difícil o desafiante para que Néstor no creyese que la voluntad bastaba para alcanzarlo. Estando a su lado, si él te decía que había que derogar la ley de gravedad, uno no dudaba de que en poco tiempo las cosas caerían para arriba. La impunidad de los represores, la Corte Suprema menemista, el ALCA, la desocupación, el FMI, la crisis entre Venezuela y Colombia, la decadencia económica argentina y tantas otras cosas se derrumbaron como castillos de naipes frente a su magia transformadora.

Pero esa voluntad, esa magia, no iban en cualquier dirección sino que siempre apuntaban a lo justo, a lo correcto, a lo que había que hacer, para el lado de los más necesitados. Esa voluntad inmensa no era una voluntad de poder, era una voluntad de amor. Mal le iba a cualquiera que quisiera convencerlo de que había que hacer esto o aquello “porque nos conviene”; ese vocabulario típico de la política tradicional no tenía lugar en su repertorio.

Porque Néstor, más allá de esa imagen de fuerza y dureza que quería trasmitir, era una de las personas más sensibles que conocí, con un amor inmenso para todo lo que considerara justo y bueno. Era notable escucharlo interesándose por la historia más completa de cada uno de los que habían sufrido el terrorismo de Estado, recordando nombres y episodios detalladamente. Era conmovedor verlo indignándose y rebelándose con cada relato de injustica social que llegaba a sus oídos.

Y ese inmenso amor lo volvía alguien vulnerable. Alguien a quien las bajezas, las traiciones, las miserias le dolían mucho más que al resto de nosotros. No tenía esa posibilidad cínica de poner cara de nada e hipócritamente olvidarlos por pura conveniencia. Por eso le dolieron tanto las traiciones de aquellos a los que él creía haberles dado todo y que por simple conveniencia y mezquindad se alejaron. Y muchísimo más le dolían las traiciones que podían haber dañado a lo que él más quería y amaba con locura, su mujer, su compañera, su vida, Cristina.  

Siempre sentí que Néstor pensaba que Cristina era un lujo para la política argentina, que su coraje, su inteligencia y su coherencia estaban muy por arriba de la chatura habitual de la clase política. Por eso, jamás pudo perdonar a los que la acompañaban y no dudaron segundos en traicionarla cuando las encuestas parecían mostrar que eso era lo que les convenía. Por eso mismo, la admiraba tanto cuando la escuchaba en sus discursos defender y pelear por nuestras políticas con una altura y una clase que lo maravillaban. 

Fue esa inmensa voluntad de amor la que hizo llorar a un pueblo castigado y humillado durante décadas, la que motivó ese agradecimiento simple y sincero de aquellos que esa noche le retribuían haberle devuelto la dignidad a los pobres, la que devolvió a los jóvenes la certeza de que se puede militar por ideales y convicciones. Fue ese inmenso amor el que nos hizo llorar a todos, a los artistas, a los intelectuales, a las Madres y las Abuelas, a los presidentes de Latinoamérica, a los trabajadores, a los pobres, a los jubilados y a los jóvenes. Un amor inmenso que unió al ganador de un Oscar con el mozo de la Casa Rosada, y que generó en muchos de nosotros la dolorosa pregunta que abre esta columna.

Un personaje maravilloso que tuve la enorme fortuna de conocer, repleto de amor y de magia, brillante, divertido, transgresor, travieso y tierno. ¿Quizás haya sido Néstor alguien demasiado intenso para este mundo tan gris en el que finalmente la gran mayoría de los argentinos sólo pudimos disfrutarlo siete años, igual que a Evita?